Archivos para noviembre, 2010

Amamantar: ¿Dar vida u obscenidad?

Publicado: noviembre 10, 2010 en Sociedad

Pablo B. Espinoza

 

Toda cultura tiene expresiones maravillosas que ha ido cultivando a través del tiempo hasta hacerse una característica indeleble en de pueblo. Todas esas expresiones nacen del espíritu humano, inspirado por el propio ser, por lo que lo rodea, o por su historia. Cada pueblo en el mundo entero embellece con su cultura y costumbres el mosaico multicolor y multiforme del concierto universal de los pueblos. El racismo, no es otra cosa que una ceguera espiritual, selectiva y caprichosa que no permite al xenófobo disfrutar de otras expresiones que no sean las propias.

Pero, no todo lo que un pueblo acostumbra a practicar es necesariamente bueno. Hay muchos ejemplos en la historia de los que nos horrorizamos y sin embargo era parte de una cultura. Por ejemplo, los sacrificios humanos, aunque más de un antropólogo podrían justificarlo. Pero, mire por donde se mire, nadie, por ninguna razón, tiene derecho a quitarle la vida a nadie y hoy sería culturalmente inaceptable. Otro ejemplo horroroso es la castración de niños para mantener su hermosa voz por el resto de sus vidas. No creo que haya un solo ser humano en su juicio cabal que justifique dicho acto. Todavía existen pueblos en los que niñas apenas núbiles son casadas con varones de sesenta o más años. Dentro de esa cultura nadie critica ese acto; pero en occidente lo vemos con horror.

Una de las expresiones más hermosas de la humanidad es ver a una madre amamantar a su bebé, y creo que esta noble acción se extiende a todo el reino animal. Los cuadros más hermosos de la pintura renacentista son precisamente pinturas de la Madona amamantando al niño Dios. Hasta muy entrado el siglo XX el amamantamiento era visto como una cosa muy natural en occidente. Yo crecí viendo amamantar a mujeres de toda clase y condición sin ningún prejuicio ni restricción. Pero, de repente, sin que nadie se diera cuenta, se convirtió en una obscenidad que había que hacerlo en privado para que nadie lo viera. En casos extremos, ni siquiera a los y las hermanitas del bebé se les permite presenciar dicho acto. Eso me parece un horror; eso me parece contra natura.

No estoy en contra del pudor femenino, especialmente hoy en día en que el cuerpo de la mujer se ha convertido en carne de mercado. Estoy en contra de la hipocresía y de lo que se esconde detrás de ella. La manipulación en este sentido ha ido tan a fondo que hoy por hoy, en los Estados Unidos de Norte América, amamantar en público es una obscenidad punible.

El caso concreto que me inspira este escrito es el siguiente: Hace unas semanas atrás, una madre latina fue sacada de uno de los restaurantes de comida chatarra—esa comida basura que por ignorancia supina o por ociosidad la gente sigue consumiendo—por estar amamantando a su bebé en un lugar público. Algunos pensaran que la madre estaba con los pechos descubiertos. Pero no, la madre se cubría los pechos y a su bebé con un pañal y no se le veía nada. Para el administrador del restaurante eso era una obscenidad intolerable. Y le pidió a la señora que se retirara de la tienda porque la única forma aceptable de alimentar a un bebe en ese lugar era con biberón, es decir artificialmente—contra natura—como la mismísima comida que ellos venden—¿se han puesto a pensar en que parte del cuerpo tienen las gallinas o los gallos los nuggets (chicken nuggets) que ellos venden?

La realidad de fondo es otra. Esta costumbre que hoy es parte de la cultura norteamericana se genera, manipuladoramente, desde que se inventan las fórmulas para alimentar artificialmente a los bebés. Esta costumbre, hoy cultural, se incuba en el consumismo que obliga por desinformación y por estupidez—la mejor aliada del consumismo—a adoptar costumbres totalmente ajenas a la naturaleza humana; a tal punto que hasta se llegó a pensar, y por mucho tiempo, que la mejor forma de alimentar a un bebé eran con las formulas artificiales y no con la leche materna, que con sin igual sabiduría y con insuperables resultados nos dio la Madre Naturaleza, que para mí no es otra cosa que una expresión de la feminidad de Dios.

Qué lástima para mí que a mi padre no se le ocurriera tomar una fotografía de mi madre mientras me amamantaba. Sería una de las fotos más dulces y hermosas de mamá y yo.

Paz.

Pablo B. Espinoza

 

 

 

Juan Calvino y la Inquisición

Publicado: noviembre 9, 2010 en Historia, Iglesia, Teología

CÉSAR VIDAL

Juan Calvino y la Inquisición

De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (I)

Que en España, la mayoría de la población no distingue un presbiteriano de un geranio; que los medios de comunicación siguen empeñados en denominar “baptistas” a los bautistas o que, en términos generales, el conocimiento del protestantismo que tiene el ciudadano medio es nulo son circunstancias que admiten poca discusión.

No voy a entrar en si la responsabilidad de esa circunstancia deriva de la insoportable presión que históricamente la iglesia católica ha ejercido sobre los protestantes españoles hasta hace relativamente pocos años o si a ello hay que sumar la poca habilidad de los protestantes para hacerse entender.

La cuestión es importante, pero totalmente marginal para lo que deseo tratar. Adonde deseo llegar es a que los españoles, en general, saben poco del protestantismo y, como sucede, por ejemplo, con los judíos, lo poco que saben suele estar pasado por los anteojos interesados de cierta propaganda católica no menos ignorante, pero mucho peor intencionada. En este artículo y en los siguientes intentaré detenerme en algunos de esos mitos por eso de enseñar algo, con toda la modestia del mundo, a mis muy queridos compatriotas.

Permítaseme comenzar con Calvino.

He escuchado hablar ocasionalmente a españoles que no eran evangélicos de Calvino, pero no me he topado con uno solo que lo haya leído. Algunos tienen una idea errónea de su enseñanza sobre la predestinación –que ya es bastante grave– pero, por regla general, lo único que suelen comentar es que la inquisición católica no fue tan grave porque… Servet fue quemado en Ginebra por Calvino.

Recientemente, uno de los lectores de mi blog pretendió al hilo de uno de mis textos igualar a Calvino con Tomás Moro ya que yo había señalado el pasado poco conocido, pero innegable, de represor de la libertad de conciencia que tuvo el canciller inglés autor de Utopía. La idea era que Moro podía haber enviado a la muerte, previa tortura, a algunos protestantes, pero todos sabían lo que había hecho Calvino con Servet. Por amor a la Historia y a la verdad me vi obligado a responder a esa afirmación que no pasa de ser un disparate, seguramente de buena fe, pero disparate.

La figura de Calvino puede gustar más o menos. Para algunos evangélicos, resulta paradigmática de reformador y otros, por el contrario, pondrían sus objeciones a esa visión. Con todo, su influencia es extraordinaria – incluso casi incomparable – en términos históricos en episodios positivos como la revolución puritana del s. XVII en Inglaterra, la configuración de la constitución de los Estados Unidos o el desarrollo del capitalismo. De hecho, Calvino es indispensable para comprender el nacimiento de la democracia moderna o la articulación de una ética del trabajo y del ahorro que, sólo muy recientemente, ha llegado a ciertos sectores del catolicismo.

De manera nada sorprendente, en una encuesta reciente, incluso Calvino era considerado en Francia como el segundo francés más importante de la Historia y es verdad porque su importancia supera a la de franceses como Luis XIV, Richelieu, De Gaulle o Molière. Compararlo pues en términos históricos con Tomás Moro como hacía este dilecto lector mío es una insensatez porque equivale a comparar a un personaje de muy tercera fila como el inglés –el propio Erasmo que lo quería mucho y era amigo suyo afirmaba que no llegaba a la categoría de humanista– con un gigante que verdaderamente cambió la Historia.

Tampoco en el terreno de la libertad de conciencia existe punto de comparación entre ambos. Tomás Moro, a diferencia de Calvino, se expresó una y otra vez en contra de la libertad de conciencia e hizo todo lo que estuvo en su mano –incluyendo el uso de la tortura y de la hoguera– para impedirla en Inglaterra. No lo ocultó sino que insistió en que resultaba indispensable para salvar el mundo en que creía. Calvino, por el contrario, insistió en la defensa de la libertad de conciencia. La única excepción a esa trayectoria fue el caso de Miguel Servet. Personalmente estoy convencido –y en eso coinciden todos los que han estudiado las fuentes- de que si Servet hubiera sido ejecutado por la inquisición española que lo perseguía para quemarlo pocos lo conocerían hoy de la misma manera que pocos recuerdan los nombres de los quemados en los autos de fe de Valladolid de hace ahora cuatrocientos cincuenta años. El caso, sin embargo, es que, finalmente, ardió en la Ginebra de Calvino… aunque no por orden de Calvino sino del gobierno de la ciudad en el que el reformador no tenía cargo alguno.

Insisto en ello: según la mentalidad de la Europa católica, Servet debía arder en la hoguera y lo hubiera hecho de caer en sus manos. Desde el punto de vista de la Europa protestante –donde nunca existió una inquisición- la muerte de Servet fue repudiable y así lo expresaron públicamente personas cercanas a Calvino y otros teólogos reformados. No sólo eso. El municipio de Ginebra levantó un monumento de pública petición de perdón en honor a Servet. No puedo decir lo mismo – y pena me da como español – en relación con ninguno de los protestantes ejecutados en España por la inquisición. No sólo eso. Menéndez Pelayo se quejaba en el siglo XIX de que hubiera gente que se atreviera a recordar a los quemados en Valladolid y yo mismo, siendo niño, pude escuchar a uno de mis profesores –bellísima persona, por otro lado– asumiendo la quema de biblias protestantes como un acto obligado. Se trataba, eso es cierto, de un acto común no hace tantas décadas en España, pero que jamás se produjo en la Europa protestante.

Coloquemos a Calvino en su sitio; juzguemos críticamente sus escritos y su vida, pero, por favor, no pretendamos convertirlo en una excusa para la inquisición católica porque ese comportamiento sólo es una muestra de ignorancia crasa en Historia o de bajeza moral… y la semana próxima hablaremos de otro mito.

César Vidal es escritor, historiador y teólogo

© C. Vidal, Protestante Digital.com


Publicado por: juanstam

Cuando mi esposa Doris y yo llegamos a Basileia en 1961, conocimos un grupo de españoles, mayormente de la iglesia reformada, que habían comenzado un estudio bíblico y estaban orando que Dios les enviara un pastor de habla española. Respondimos entusiasmados, pero había un pequeño problema. El consistorio de la iglesia reformada, con toda razón, quería saber de qué iglesia era yo. Mi respuesta fue, «soy pastor de la Asociación de Iglesias Bíblicas Costarricenses», conocida como la «AIBC». Todavía veo la confusión en el rostro del pastor reformado, y siento la mía a tratar de aclararle qué era mi afiliación eclesiástica. Una semana después el pastor me buscó de nuevo y me dijo que el consistorio no lograba entender eso de la AIBC y que por favor se lo volviera a aclarar. Afortunadamente, todo se resolvió y tuvimos una experiencia pastoral inolvidable.

En esta vida humana, es importante tener una identidad, y una identidad que otros puedan reconocer. Da mucha seguridad poder decir, «Yo soy presbiteriano» o «soy pentecostal» o alguna otra afiliación respetada. Es un poco inquietante llevar una identidad no reconocida. Pero también nuestra identidad nos puede limitar. Por ejemplo, «soy presbiteriano y gracias a Dios no soy bautista» o «soy un anglicano respetable y decoroso y no como esos pentecostales escandalosos» (o «soy pentecostal y no como esos anglicanos fríos y espiritualmente muertos»). La iglesia es una sola, y no debo ser lo que soy contra lo que son otros, sino junto con ellos y ellas en la gran comunidad de fe.

(1) Yo soy evangélico y lo soy con toda la convicción de mi ser. Para mí, esa palabra está escrita sobre mi corazón y mente en letras de oro. «No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios…» Pero no lo soy en el sentido de los «conservative evangelicals» de los Estados Unidos, ni exactamente en el uso latinoamericano como simple equivalente virtual de «protestante». Soy evangélico porque me ha alcanzado la gracia de Dios y esa gracia es el fundamento firme de mi existencia. Bien nos decía Karl Barth que al fin y al cabo, toda la fe evangélica se reduce a dos palabras: Gracia como clave a la teología y Gratitud como base y motivación de la ética. En las palabras conmovedoras de la Confesión de Heidelberg, las tres cosas que necesito saber son cuán grande es mi pecado, cuán grande es la gracia de Dios y cuán grande debe ser mi gratitud. (Como evangélico que soy, esas viejas confesiones no dejan de conmoverme con profunda emoción).

Para mí, teología evangélica significa dos cosas fundamentales: Teología de la gracia de Dios y Teología de la Palabra de Dios. Ser evangélico significa una relación especial con la Palabra de Dios, tanto como Palabra encarnado en Cristo, Palabra inspirada en las escrituras (testimonio a la Palabra encarnada) y Palabra proclamada en la predicación y el testimonio. Ser evangélico significa para mí un gran amor y una pasión por las escrituras, por supuesto sin pretender tener monopolio de la fidelidad bíblica. Siempre he insistido en que todo trabajo teológico tiene que estar bien fundamentado en exégesis cuidadosa del texto bíblico, explícita o implícitamente, o no es un buen trabajo teológico. Por eso me impresiona mucho la afirmación de Barth en el prólogo al primer tomo de su Dogmática de la Iglesia, que no podía seguir fundamentando su teología en la existencia, como había hecho, sino sólo en la Palabra de Dios.

(2) Pero sorpresa, ¡Por ser evangélico, no dejo de ser católico! La palabra «católico» se deriva de la combinación de dos palabras griegas, «kata» (según) y «holos» (el todo) para dar el sentido de «según el todo; universal». Los padres de la iglesia hablaban de la iglesia universal como hê ekklêsia katolikê y las «epístolas generales» como «epístolas católicas». Otro término parecido es oikoumenê, y su adjetivo correspondiente, oikoumenikos, que se refieren a la totalidad del mundo habitado. Así de nuevo, la iglesia universal, en todo el orbe, es por su naturaleza «la iglesia ecuménica». No reconocerlo sería desconocer la unidad de la iglesia en el cuerpo de Cristo.

En la tradición cristiana, tanto católica como reformado, la iglesia se identificaba por ciertas «notas» clásicas, como «la iglesia una, santa, apostólica y católica». ¡Por supuesto! Como evangélico, creo lo mismo, interpretado en sentido bíblico. Cristo tiene un solo Cuerpo y una sola Esposa; la iglesia es una. La iglesia es «sin mancha ni arruga» en Cristo y está llamada por Dios; es santa. La iglesia está fundada sobre los apóstoles como testigos designados por Cristo (Hech 1; 1 Cor 15) y está llamada a ser fiel a ese testimonio; de esa manera, la iglesia es también apostólica. (La iglesia es apostólica cuando es bíblica, no cuando pretende tener apóstoles hoy). Y la iglesia de Cristo es una sola en todo el mundo habitado, o sea, es también católica y ecuménica. Mi corazón evangélico y pentecostal puede gritar «¡Amen!»

El problema no es con el adjetivo «católica» sino con otro que se añade, que es «romana». Ese es un adjetivo geográfico muy específico y limitante, y podría interpretarse como opuesto a «católico» como universal e inclusivo. De hecho, en amplios sectores de la iglesia católico-romana ha habido, desde inicios del siglo veinte, importantes movimientos hacia un catolicismo más bíblico, evangélico y ecuménico, ¡y por ende más católico! Tengo entre los libros de mi biblioteca uno que se titula, «Hacia una iglesia católica más evangélica». Y recuerdo un sacerdote católico que participó en un encuentro en Europa, que confesó a nuestro grupo, «Pido a Dios cada día que mi iglesia sea menos romana y más evangélica».

Creo que las iglesias evangélicas también tenemos mucho que aprender en cuanto a un amplio y generoso espíritu católico. Lo contrario de «católico» es «sectario» y no hay que analizar mucho para descubrir que algunas iglesias evangélicas son sectarias (aun cuando no sean «sectas» doctrinalmente). La catolicidad de la iglesia ecuménica significa empatía y solidaridad no sólo con todo lo cristiano sino con todo lo humano. Un poeta latino dijo, “Homo sum, nihil humanum a me alienum puto” («Soy hombre; no considero ajeno nada humano») Y mucho más, si somos cristianos. Por eso un padre de la iglesia (San Ireneo, si recuerdo bien) profundizó la expresión: «Christianus sum, nihil humanum mihi alienum est».

Esto tiene mucho significado para la misión de la iglesia. Primero, porque la iglesia está llamada a hacernos más humanos, más sensibles, menos cerrados y prejuiciados. Segundo, porque esa identificación con la otra persona es el secreto de una evangelización auténtica. Don Kenneth Strachan, poco antes de su muerte, escribió un valioso libro, «El llamado ineludible», en que señala que la base de nuestra evangelización debe ser la común humanidad que compartimos con todos y todas. Cuando es así, la evangelización hará más humanos tanto a los evangelizados como a los que evangelizan.

(3) También soy pentecostal. No concibo cómo puede haber cristianos que no sea pentecostales, si toda la iglesia nació en el día de Pentecostés y nació profética. Me parece una lamentable desviación semántica que el título de «pentecostal» se limita, muy estrechamente, a sólo un sector de la iglesia cristiana. Bíblicamente entendida, son pentecostales quienes (1) aceptan con gozo los dones del Espíritu Santo (Hechos 2:1-13), predican expositivamente la Palabra de Dios (Hch 2:14-41) y practican radicalmente, en una comunidad revolucionaria, las demandas del evangelio (Hch 2:42-47; 4:32-37). En ese sentido, toda la iglesia está llamada a ser pentecostal.

Gracias a Dios por el movimiento pentecostal contemporáneo y todo el bien que ha traído a la iglesia, liberándola de una mentalidad estática y cerrada. Personalmente, he sido muy edificado y bendecido por mis experiencias con este movimiento. Por supuesto, a veces han cometido errores y han caído en extremos. Creo que enfrentamos hoy una situación parecida a la de San Pablo. Por un lado, ante los tesalonicenses «anti-pentecostales», Pablo los exhorta a no apagar al Espíritu y no menospreciar las profecías, pero a la vez a examinar todo (1 Tes 5:19-21). En cambio, con los corintios, que eran «ultra-pentecostales», Pablo les exhorta a hacer todas las cosas en orden (1 Cor 14:27-31,40). El anti-pentecostalismo es estéril y no debe ser nuestra actitud, pero tampoco los extremismos del ultra-pentecostalismo.

Los dones del Espíritu Santo son diversos, y los reparte como él quiere (1 Cor 12:11). No hay un sólo don que define el pentecostalismo, sino el conjunto de carismas que imparte el Espíritu, que hemos de recibir con gozo y gratitud. Ser pentecostal significa vivir en la desbordante alegría del Señor y en la libertad que da el Espíritu.

Bueno, es por eso que me identifico como un evangélico católico pentecostal… y también menonita, también moravo, también metodista, y quiera Dios, sobre todo cristiano y humano.


Por René Padilla

El trabajo ecuménico en América Latina no es fácil, pero si creemos que realmente somos uno en Cristo y que estamos llamados a una misión integral, hay que buscar espacios para hacerlo. Las iglesias y misiones evangélicas son un espacio donde podemos trabajar codo a codo con otros cristianos comprometidos socialmente, pero a partir del Evangelio. De lo contrario, no pretendamos que estamos haciendo labor cristiana. Creo en el valor de las obras humanas, pero si queremos ser cristianos, partamos del Evangelio, partamos de nuestra unidad en Cristo, a pesar de nuestras diferencias en cuestiones de escatología o acerca de la mejor estrategia para llegar al poder, los alcances de la labor política, etc., etc. Nuestro compromiso con Cristo nos lleva a un testimonio cristiano, a ser “sal” y “luz” en medio de una sociedad en decadencia, una sociedad que muestra sus lacras en términos de niños abandonados, prostitución infantil, injusticia institucionalizada, empobrecimiento de las masas, corrupción a todo nivel. Unámonos en Cristo Jesús para dar testimonio de que hemos sido creados en él para vivir el Evangelio en todas sus dimensiones, en respuesta a los problemas que nos rodean!

Los cambios que se han dado en el panorama eclesial en estos últimos años exigen que quienes creemos en la necesidad de un testimonio cristiano unido revisemos nuestra agenda ecuménica. Es urgente que practiquemos el ecumenismo con hermanos y hermanas que tal vez puedan tener muchas limitaciones teológicas pero están viviendo y sirviendo en nombre de Cristo en medio de los pobres.

Muchas veces nuestro ecumenismo se reduce al grupo de gente que está de acuerdo con nosotros políticamente; que comparte la misma ideología de cambio social y sueña en una sociedad socialista. Si nuestro ecumenismo se reduce a eso, estamos equivocados: ¡no somos realmente ecuménicos, sino “ecumenistas”! Lo digo con dolor en el alma: muchas veces los fondos que vienen de organizaciones ecuménicas de Europa y Estados Unidos sirven para apoyar programas que privilegian al que comparte nuestra ideología pero no la fe en Jesucristo. Podemos debatir este tema, pero mi propuesta es esta: hagamos un nuevo tipo de ecumenismo verdaderamente ecuménico (valga la redundancia). Honestamente creo que en este momento hacen falta organizaciones ecuménicas pero no “ecumenistas”. En otras palabras, necesitamos organizaciones en las cuales se viva un ecumenismo a partir del Evangelio. Organizaciones “proeclesiásticas” (mejor que “paraeclesiásticas”) donde hermanos católicos progresistas que se han sentido presionados por una estructura autoritaria que ya no les da cabida, y hermanos evangélicos que tienen problemas por haber alzado la voz contra posturas de algún “papa” defensor del estatu quo, se sientan a gusto y formen un frente común como cristianos, a partir del Evangelio y al servicio del pobre, por la causa del Reino y su justicia. Esa es mi propuesta por la unidad, el Reino de Dios y su Justicia.

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Creer en Dios

Publicado: noviembre 7, 2010 en Meditaciones

Creer en Dios, por Enric Capó

Meditaciones

 

Si un día me encontrara con uno de estos periodistas o sociólogos que van por la calle haciendo encuestas religiosas a la gente y me preguntaran si creo en Dios, me parece que me gustaría contestar que, a pesar de ser pastor protestante, no creo en él. Y al hacerlo, estoy convencido de que diría la verdad como creyente y como cristiano, porque cada día estoy más lejos de esta imagen estereotipada de Dios que se esconde detrás de las encuestas y que anida en la mente de la gente. También me gustaría dar un respuesta parecida sobre la existencia del diablo. Tengo muy claro que hay un dios en el que no creo. Es el Dios explicación, o el Dios proyección de nuestros deseos, o la máquina eterna que lo puso todo en movimiento, o el dios castigador que, a través de los siglos, ha sido el tormento de los hombres, o el dios manipulado que justifica la religión. No es realmente que no crea en él, ya que puede haber –y los hay- elementos válidos en todo esto. Mi respuesta sería como una especia de protesta para decir que la imagen que el mundo no creyente en general  -y también muchos creyentes- tienen de Dios no se corresponde con la imagen que Cristo me ha enseñado a amar.

 

 

Hoy es difícil hablar de Dios porque, al hacerlo, en seguida te clasifican y te sitúan en un fichero en el que no te encuentras cómodo. Cuando hace muchos años leí el libro de Gironella “100 españoles y Dios”, recuerdo que me identifiqué mucho más con buen número de los que decían no creer en él que con el teísmo estéril de una mayoría que se confesaban creyentes. A la hora de tener que escoger uno de los bandos quizás me situaría  en el de los clasificados como no creyentes que se toman la vida en serio que en el de los que, al mismo tiempo que dicen que creen en Dios, se han hecho de él una imagen idolátrica. Y quizás, al hacerlo así, me acercaría a aquellos cristianos de los primeros tiempos del cristianismo a los que los paganos acusaban de ser ateos.

 

Hay una imagen folclórica de Dios de la que me siento muy alejado. Sobre todo del Dios religioso, preocupado por si mismo, celoso de culte y enamorado de su gloria; el dios doctrinario y cruel, que tiene amigos y enemigos, que determina el futuro de los hombres según “la sana doctrina” y menosprecia la vida presente para centrarlo todo en un futuro más allá de la muerte; el dios  simplista, el del cielo y el infierno, el del blanco o negro, el de religioso o ateo; el dios que no distingue, que es incapaz de ir más allá de los atributos que le otorgamos y que son como un corsé que le impide moverse con libertad, que le impide, incluso, ejercer su misericordia. No creo que este dios sea el Dios de los profetas, que amaba más la justicia que la fastuosidad del culto, ni el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo que recibe con un abrazo sin fin al hijo perdido, ni el del apóstol Pablo que perdona al culpable. Me gusta más el Dios de las prostitutas del evangelio que se adelantan a las grandes figuras del mundo religioso; el Dios de la mala fama, amigos de publicanos y pecadores; el Dios clavado en la cruz, indefenso e impotente; el Dios cuya grandeza es su capacidad de amar, de sacrificarse, de darse por nosotros; el Dios que ha querido estar presente en el mundo bajo la imagen del pan partido y el vino derramado, la imagen de la entrega total y absoluta que nos habla de la imptoencia del crucificado y de la fuerza del amor.

 

¿Quién es mi Dios? Me es muy difícil definirlo. Está muy por encima de mis capacidades de síntesis. Pero puedo decir que es el Dios ligado a la vida, a mi vida, a aquella vida que él creó y me ha dado. Creer en él, pues, es creer en la vida, en sus infinitas posibilidades, en su sentido de presente y de futuro, de inmanencia y trascendencia.  Y también a la inversa: creer en la vida es creer en Él. No tenemos apenas herramientas a nuestro alcance para hablar con El con propiedad y exactitud. Estamos demasiado limitados. Pero Dios no es para ser definido mucho más allá de la definición de Juan:”Dios es amor”. El lenguaje propio en el contexto de Dios no es el de las definiciones, ni el que tiene necesidad de usar la tercera persona singular. Dios no habría de ser jamás El. Es siempre un Tú que nos confronta y del que no deberíamos hablar, sino hablarle. El lenguaje adecuado para Dios es finalmente, esencialmente, el de la oración, que es el  lenguaje de la comunión, de la amistad, de la armonía.  La persona humana que investiga en la profundidad de su vida, no encuentra allí un vacío, sino que encuentra a Dios, a pesar de que no lo conozca ni lo reconozca. Dios, como  sentido de la vida, está escrito  en cada una de las fibras de nuestro ser, sólo hay que dejarlo florecer, que salga fuera e ilumine la vida.

 

Día a día, en el mundo del evangelio, allí donde encontramos a Cristo, crecemos en el conocimiento de Dios. Día a día somos llamados a hacer nuestra su vida, en todo aquello que tiene de solidaridad con los más pequeños de nuestro mundo y en todo aquello que nos habla de esperanza y de eternidad. Dios es la presencia de un amor eterno e invisible que en Cristo se ha hecho visible y accesible a todos nosotros. En su compañía, siguiendo sus caminos, lo encontraremos como “el paracleto” (Jn 14,16), el consolador, el que siempre nos acompaña  y nos salva del nihilismo de un mundo sin alma para mostrarnos que “la vida es más que el alimento y el cuerpo que el vestido”. Que más allá de comer y beber, llorar y reír, nacer y morir, crecer y envejecer, hay un sentido profundo de la vida que Cristo nos ha descubierto y que llamamos Dios. En Él, y sólo en Él, el mundo y la vida reencuentran su sentido,

 

Enric Capo

Copyright © 2010 Iglesia Evangélica Española, una iglesia protestante

 


CERVANTES-ORTIZ

 

A sólo siete años del medio siglo de los inicios de la Reforma luterana, parecería que el desgaste religioso que han sufrido las comunidades herederas de esta corriente de vida y pensamiento ha menguado también el impacto cultural del protestantismo en todas sus variantes. Nada más lejos de la realidad, aunque visto sin triunfalismos, hay que aceptar que las diversas oleadas revivalistas (o avivamentistas), que también, por fuerza, producen resultados culturales, han contribuido a que el legado protestante, sobre todo a través del rostro evangélico, cobre fuerza cada vez que se establece histórica y socialmente.

 

Parecería, también, que las nuevas generaciones de creyentes, tan volcadas como están hacia el gusto por la música, tienden a olvidar algunos de los demás aspectos y expresiones en los que la fe protestante se ha vaciado para transmitir mucho de su genio. Vale la pena, por lo tanto, hacer un breve recuento de algunas de dichas manifestaciones para valorar hasta dónde llega hoy, en los inicios del siglo XXI, la capacidad protestante de transformarse y, de manera proteica, seguir siendo un vehículo plural del Evangelio. Algunos de los/as autores/as a mencionar, no siempre se asumieron como creyentes convencionales, pero la distancia que tomaron de las iglesias establecidas no disminuye la importancia de su testimonio artístico.

 

Hace poco, el pintor Lucas Cranach (el Viejo, 1472-1553), uno de los más grandes pintores del Renacimiento alemán, ha sido reconocido en Roma mediante una exhibición de su obra. Fue uno de los más notables artistas ligados a la Reforma, especialmente debido a sus retratos de Lutero y a la manera en que aplicó plásticamente sus postulados. Las famosísimas manos en oración (Las manos del apóstol, 1508), de Alberto Durero (1471-1528), concentran en una sola imagen todo el espíritu de la Reforma (aun cuando es anterior a ella), gracias a su extraordinaria síntesis. Su trabajo posterior, ligado al del príncipe elector Federico de Sajonia, el mismo que apoyó a Lutero, siempre se ha asociado al movimiento reformador. En el espectro protestante holandés (y reformado), Rembrandt (1606-1669) y Vincent Van Gogh (1853-1890) trasladaron a imágenes sublimes el espíritu de la fe. El primero, mediante una lectura verdaderamente deslumbrante de los personajes bíblicos, y el segundo a través de un manejo impresionante de la luminosidad, sobre todo en sus famosos girasoles, metáfora visual de las palabras en que Jesús se define a sí mismo como la luz del mundo.

 

En la música, se ha dicho que nadie entendió mejor a Lutero que Juan Sebastián Bach (1685-1750), gracias a que su percepción de la grandeza de Dios se encuentra desplegada majestuosamente en sus obras. Su enorme aprecio por la tradición bíblica, tal como aparece en obras maestras como La Pasión según san Mateo (1727) y diversas cantatas, o en sus innumerables obras para órgano. Jorge Federico Händel (1685-1759), a su vez, famoso por su oratorio El Mesías (1741), integró el arte vocal inglés, el barroco italiano y la excelencia organística alemana. Sus cantatas de tema bíblico también son una referencia obligada.

 

El nombre del judío converso Félix Mendelssohn también es inevitable en un recuento de este tipo. José de Segovia ha resumido en una frase magnífica las aportaciones de este gran músico: “Dedicó una de sus sinfonías a la Reforma y recuperó La Pasión según San Mateo, de Bach. Su fe evangélica le lleva a hacer un oratorio sobre Pablo, usando solamente el texto bíblico, y otro sobre Elías, con algunos de los mejores coros de alabanza que se han hecho en la historia de la música”. La Sinfonía de la Reforma concluye con “castillo fuerte”, el más famoso himno de Martín Lutero.

 

En la literatura hay varios nombres de poetas y novelistas que también han “traducido” el espíritu protestante a sus ámbitos culturales específicos. Así, en Inglaterra, James Hogg (1770-1835) se sumergió en los abismos de la predestinación con su novela Memorias privadas y confesiones de un pecador justificado (1824), en la que radicaliza la experiencia enfermiza de fe de su personaje mediante la figura del doble. Hoy es considerada, según las modas de la época, como una novela gótica. En Estados Unidos, Emily Dickinson (1830-1886) liberó su fe calvinista de las amarras del dogma para forjar una poesía alegre y a la vez sumamente crítica en relación con los temas religiosos. Habiendo estudiado teología en el seminario para señoritas Mary Lyon de Mount Holyoke, escribió en soledad y aislamiento una obra que sólo se descubrió después de su muerte. La presencia de la Biblia es muy fuerte en su poesía: “El brillo del sol me habla esta mañana,/ y la afirmación de Pablo se vuelve real:/ ´el peso de la Gloria´. […]/ La fe de Tomás en la anatomía/ era más fuerte que su fe en la Fe. (…) ¿Por qué censuraríamos a Otelo,/ cuando el criterio del Gran Amante dice:/ ´No tendrás otro Dios que yo´?”.

 

En Francia, André Gide (1869-1951) y Jean Paul Sartre (1905-1980), ambos de familias protestantes y ganadores del premio Nobel, exploraron intensamente el tema de la libertad, como una especie de revancha personal. Un nombre discordante es el de John Updike (1932-2009), fiel seguidor del “divertido teólogo” que era para él Karl Barth. Éste último, desde sus alturas de reflexión, jamás habría imaginado la posibilidad de propiciar el surgimiento ¡de un novelista barthiano!, con toda la “mala fama” que este adjetivo adquirió en los círculos conservadores. Updike sigue esperando a sus lectores protestantes.(1)

 

Desde América Latina, Rubem Alves (Brasil, 1933) también ha ido más allá de los límites de la fe que recibió para expresarse con una autenticidad liberadora y sumamente refrescante. Este filósofo y cronista de la vida cotidiana se quejaba amargamente desde los años ochenta de que en el subcontinente el protestantismo aún no ha dado frutos culturales reconocibles. Acaso el tiempo le ha dado la razón y sean las telenovelas brasileñas el espacio en donde se han volcado los caracteres culturales con que el protestantismo popular se expresa mejor.

 

En el cine, los nombres ligados a la herencia protestante son varios y muy interesantes: los nórdicos Carl Dreyer (Ordet. La Palabra, 1955) e Ingmar Bergman (1918-2007) autor de El séptimo sello y la trilogía sobre la ausencia de Dios), desde el luteranismo más ascético; Jean-Luc Godard (1930), con una lectura contemporánea radical del nacimiento virginal de Jesús (Yo te saludo, María, 1984); y Paul Schrader (1946), con una capacidad narrativa potenciada por un pasado teológico que no logra ocultar. Suyos son el guión de La última tentación de Cristo (1988), de Martin Scorsese y otras fábulas modernas en donde la religión reaparece como tormento y posibilidad (Hardcore, Gigoló americano).

 

En fin, que hasta la saga familiar televisiva de Los Simpson entra de lleno en el espectro de la influencia protestante, aunque con sus matices propios de esta época. Éstas son sólo algunas muestras del enorme abanico cultural que representa el protestantismo, un poco con la mirada puesta en el pasado, pero ante nuevos retos y posibilidades.

 

 

1) Cf. John McTavish, “John Updike and the Funny Theologian”, http://theologytoday.ptsem.edu/jan1992/v48-4-article3.htm.

Cervantes-Ortiz es escritor, médico, teólogo y poeta mexicano.

 

© L. Cervantes-Ortiz, ProtestanteDigital.com (España, 2010).


CHICAGO (ELCA) — El Consejo Eclesial de la Iglesia Evangélica Luterana en América (ELCA, por sus siglas en inglés) decidió el 8 de octubre afirmar el concepto de un nuevo diseño de la organización nacional de la ELCA en el 2011, dijo el reverendo Mark S. Hanson, obispo presidente de la ELCA, en un anuncio hecho el 11 de octubre al personal de la organización nacional.  El consejo autorizó a los funcionarios de la organización adoptar las acciones necesarias en cuanto a personal e implementar el nuevo diseño a partir del 1 de febrero de 2011, que es el inicio del próximo año fiscal.

El consejo eliminó resoluciones concurrentes de la Constitución de la ELCA en relación a las unidades de la organización nacional y adoptó nuevas resoluciones concurrentes para implementar el diseño y establecer líneas de responsabilidad, informó Hanson.

El consejo también expresó su agradecimiento al personal de la organización nacional, asegurando que “tendrán en sus oraciones” a los empleados afectados personalmente por una reducción de personal a raíz del nuevo diseño.

“Este nuevo diseño prepara a la organización nacional para realizar una contribución fuerte y vital a los ministerios de esta iglesia y al trabajo de los compañeros por todo el mundo”, dijo Hanson al Servicio Noticioso de la ELCA.  “El nuevo diseño también asume que continuará el apoyo financiero para estos ministerios vitales, y nos posibilita participar en estos ministerios de una forma más flexible y con mayor planificación”.

Los miembros del consejo adoptaron la decisión durante una reunión especial llevada a cabo por medio de conferencia telefónica, siendo la mayor parte de la misma en sesión ejecutiva por implicar al personal.

Actualmente hay 16 secciones y unidades no incorporadas, además de tres oficinas en la organización nacional.  De acuerdo al diseño aprobado por el consejo, habrá tres unidades de la organización nacional y tres oficinas, de acuerdo a la propuesta que hizo llegar Hanson por escrito al consejo.  Los ministerios incorporados de manera independiente continúan.

La implementación del nuevo diseño significará que el personal de la organización nacional, con 358 integrantes incluidos los 270 aquí, en la oficina de la organización nacional, se reducirá en aproximadamente 65 empleados o el equivalente a 60 empleos de tiempo completo, dijo Hanson.  Además, como casi la mitad del presupuesto de apoyo a la misión de Misión Global de la ELCA cubre los costos del personal de misión, las reducciones en las unidades afectarán hasta a cinco miembros del personal de misión actualmente en servicio, explicó el reverendo Rafael Malpica Padilla, director ejecutivo.

El personal afectado directamente por el nuevo diseño será notificado el 11 de octubre con respecto a sus puestos.

“El personal de la organización nacional más directamente afectado por estas decisiones ha servido a esta iglesia con distinción.  Incluso mientras oramos para pedir nuevas oportunidades para su servicio, proseguiremos con nuestros esfuerzos sobre la base del buen trabajo que han realizado”, aseguró Hanson.

Hanson nombró en junio un equipo de diseño del personal de la organización nacional, compuesto por siete personas, para evaluar y proponer cambios en la organización nacional “a la luz de las necesidades cambiantes de misión y ministerio de esta iglesia y de los recursos a disposición de la organización nacional”, escribió.  En especial, Hanson aseguró que la decisión se precipitó por una importante caída en los ingresos para el apoyo a la misión, los cuales provienen de fondos que las congregaciones de la ELCA aportan a la organización nacional y que comparten con los 65 sínodos de la iglesia.

“En el 2008, después de los ajustes por la inflación, el valor de los ingresos para el apoyo a la misión se había reducido a la mitad desde la fundación de esta iglesia en 1988″, escribió Hanson al consejo. “Del 2008 al 2011, la estimación del apoyo a la misión de la organización nacional disminuyó de $65.3 millones de dólares a $48 millones de dólares”.  El trabajo del equipo de diseño se basa en un rango calculado de entre $45 millones de dólares y $48 millones de dólares en ingresos anuales en apoyo a la misión para los próximos tres años, aseguró Hanson.

El equipo de diseño consultó con la Conferencia de Obispos de la ELCA y su comité ejecutivo; comités del Consejo Eclesial; líderes y personal de la organización nacional; el Grupo de Trabajo de Unidos hacia el Futuro (Living into the Future Together, o LIFT) grupo designado con el fin de estudiar la ELCA y hacer recomendaciones para su futuro, y asesores externos.

El Consejo Eclesial considerará decisiones adicionales con respecto al nuevo diseño en la reunión a celebrarse entre el 12 y el 14 de noviembre, y lo mismo hará la Asamblea General de la ELCA en agosto de 2011.

Hanson explicó que el equipo de diseño se centró en dos prioridades de la organización nacional: acompañar a las congregaciones como centro cada vez más importante de la misión evangélica, y desarrollar la capacidad de la ELCA para el testimonio evangélico y el servicio en el mundo con el fin de aliviar la pobreza y trabajar por la justicia y la paz.

Escribió que las metas del equipo de diseño eran diseñar una organización que coopere “de manera efectiva y eficaz” con los compañeros de ministerio, que maximice los recursos por medio de una infraestructura operativa eficiente, que comunique e interprete mejor la efectividad y eficacia de la respuesta de la iglesia al mundo, que aumente la colaboración y responsabilidad y que refleje los valores centrales de la iglesia.

Relaciones interdependientes, clave para el diseño de la organización nacional

“Alcanzar las prioridades de esta iglesia depende de unas sólidas relaciones interdependientes entre las congregaciones, los sínodos, la organización nacional y las agencias e instituciones de esta iglesia”, escribió Hanson en el resumen de su propuesta. “Estas relaciones interdependientes ampliarán la capacidad para la misión de esta iglesia, promoverán la responsabilidad y proporcionarán la mejor administración de los recursos de esta iglesia”.  Agregó que será una prioridad de la organización nacional el contribuir a crear tales relaciones con los compañeros de misión y entre los mismos.

Tres unidades creadas por el nuevo diseño nacional son Misión Congregacional y Sinodal, Misión Global y Fomento de la Misión.  Las resoluciones concurrentes adoptadas por el consejo describen las funciones de cada unidad:

+ Unidad para la Misión Congregacional y Sinodal: La unidad para la Misión Congregacional y Sinodal promoverá y facilitará el trabajo de los sínodos, congregaciones y compañeros con el fin de convertir a las congregaciones en centros vitales para la misión y crear coaliciones y redes para promover la justicia y la paz. Su trabajo incluye crear y revitalizar las congregaciones; desarrollo de liderazgo; proporcionar recursos litúrgicos y de adoración; fortalecer el discipulado; apoyar los ministerios multiculturales y el compromiso de esta iglesia de ser inclusiva; promover las relaciones con compañeros en la educación; facilitar la participación de esta iglesia en la promoción de los derechos humanos, y actividades relacionadas que sirvan a la misión evangélica de sínodos y congregaciones.

+ Unidad para la Misión Global: La unidad de Misión Global proporcionará el apoyo integrado de la obra de esta iglesia en otros países y será el medio por el cual las iglesias en otros países participen en la misión con esta iglesia y sociedad. La unidad de Misión Global creará capacidad y proporcionará apoyo para la misión en las siguientes áreas:

a. Comunidad Global: mantenimiento de relaciones de iglesia con iglesia y los esfuerzos mutuos para el testimonio evangélico, desarrollo del liderazgo, uso compartido del personal de misión y trabajo de colaboración.

b. Formación y Relaciones para la Misión: aprendizaje y crecimiento mutuo con iglesias compañeras, y con los sínodos y congregaciones de la ELCA en el modelo de acompañamiento para la misión; relaciones con sínodos compañeros; adultos jóvenes en la misión global; relaciones con organizaciones luteranas independientes relacionadas con la misión global, y esfuerzos de misión para los compañeros en comunión plena.

c. Diaconía: satisfacer las necesidades humanas y trabajar en colaboración con compañeros para la prosperidad de la comunidad humana por medio de la participación en el desarrollo internacional y la respuesta a los desastres.

+ Unidad para el Desarrollo y Promoción de la Misión: La unidad de servicio de la organización nacional es la unidad de Fomento de la Misión, que será responsable de coordinar la comunicación de esta iglesia, su mercadotecnia, relaciones públicas, financiamiento de la misión, donativos importantes, donativos planificados y la gestión de la base central de datos de la ELCA. También supervisará el trabajo de los siguientes:

a. La revista en inglés The Lutheran

b. La Fundación de la ELCA

Hanson anunció que la Unidad para la Misión Congregacional y Sinodal estará encabezada por el reverendo Stephen P. Bouman, quien actualmente es director ejecutivo de Alcance Evangélico y Misión Congregacional de la ELCA.  También anunció que Malpica Padilla, quien en este momento es el director ejecutivo de la Misión Global de la ELCA, liderará la Unidad de Misión Global, y que el reverendo Howard E. Wennes, quien ha fungido como presidente en funciones de la Universidad Luterana de California en Thousand Oaks y fue obispo del Sínodo del Gran Cañón de la ELCA, será el director ejecutivo interino de la Unidad para el Desarrollo y Promoción de la Misión.

La Oficina del Obispo Presidente asumirá la responsabilidad del discernimiento teológico, incluyendo justicia para las mujeres y estudios. La mayoría del resto de funciones se mantiene sin cambios, al igual que la mayoría de las funciones de la Oficina del Secretario y la Oficina del Tesorero.

 


Por Nicolás Panotto

Una de las preguntas históricas de la iglesia cristiana: ¿qué es la misión? Ella se hace ya que todo cambia. La iglesia cambia. El mundo cambia. Las personas cambian. Por ende, la misión cambia. Es un término construido desde una infinidad de interpretaciones, experiencias, contradicciones, falencias, esperanzas y errores históricos. Por todo esto, es una pregunta aún vigente.

De aquí mi deseo levantar algunos interrogantes que creo pertinentes para hacernos. Pueden parecer perogrulladas, pero justamente en muchas ocasiones encontramos las respuestas más profundas a través de los planteos más “simples”.

¿La misión agranda o abre la iglesia?

Se ha cuestionado mucho la comprensión “numerológica” de la misión, en donde se la comprende como la búsqueda de métodos para hacer crecer la iglesia. El “éxito” se mide por la cantidad de “almas” (palabra no inocente, ya que los cuerpos parecen ser solo paquetes caminantes) que ingresan a las filas de la congregación. Ya conocemos las consecuencias de esta mirada: iglesias repletas de gente desconectada entre sí, consumiendo de un modelo o un mercado religioso “a la última moda”. Las personas se fetichizan (no ellas mismas sino las estructuras), transformándose en un número más. Y tengamos cuidado: esto no sucede solamente en las llamadas “mega iglesias”. Es un imaginario muy corriente en el mundo evangélico en general, sea cual fuere el tamaño de la congregación.

La misión sí tiene que ver con el ingreso de personas a nuestras comunidades eclesiales, pero en tanto éstas se abran al mundo y se transformen en una comunidad de referencia y convivencia. La iglesia no debe buscar presas como un cazador. Su misión es ser un espacio que sirva al prójimo, que atienda a los desfavorecidos, entendiendo la salvación como esa acogida que irrumpe la rutina de la cotidianeidad mecanizada y la estrechez afectiva vigentes en nuestro mundo. Como la iglesia en Hechos 2, 41-47: debemos procurar vivir alternativamente, y que sea Dios quien añada.

¿Acaso la misión no tiene que ver con la gente?

Otra perogrullada, pero no tanto… Sí, la misión tiene que ver con la gente. Pero, ¿qué entendemos por “gente”? ¿Son acaso una masa homogénea, o un complejo conjunto de individualidades, instituciones y dinámicas? ¿Qué lugar tienen en nuestra misión? Pero sobre todo: ¿no son personas reales, de carne y hueso, con historias, emociones, traumas, alegrías, fortalezas, debilidades y necesidades? Muchas veces perdemos este sentido de realidad en nuestra misión. “La gente” pasa a ser receptáculo de nuestros romanticismos, idealizaciones, hasta dogmas y moralinas. ¿Pero comprendemos que todo lo que hacemos, decimos, pensamos y pronunciamos tiene que ver con personas reales que viven una cotidianeidad, tal cual nosotros y nosotras? ¿Practicamos una misión según lo que escuchamos y vemos de cada persona, o imponemos una agenda? Si lo que importa son las personas en tanto tales, ¿acaso no deberíamos dejar atrás tantas luchas intestinas por imponer (nuestros) “principios” y escuchar la realidad de “la gente”? Sí, es un “riesgo”: el riesgo de perder nuestro cómodo lugar de “centro del mundo” para abrirnos a la compasión, tal como hizo Jesús.

¿La misión es o se hace?

Ya nos habrá quedado claro que no existe la misión, como paquete predeterminado de prácticas, discursos y acciones. No existen modelos prefijados. Como dice Mateo 28,19, la misión es un “mientras vamos”, un caminar continuo, un proceso que se va viviendo, resignificando, reconsiderando, en la medida que sigamos andando. Quedarnos en un lugar, por más lindo y seguro que parezca, nos impide ver las bellezas que tenemos por delante. La misión es un envío constante al mundo, a la realidad en la que estamos, que siendo coherente con ese contexto complejo y en continuo cambio, se resignifica a ella misma, transformando sus prácticas y nociones fundantes (sea Dios, Iglesia, Evangelio, etc.) No es un paquete, un lugar (de poder), una forma, un discurso. Es un movimiento infinito que nos abre al mundo infinito que habitamos. La misión se hace en el camino.

¿Nos dejamos hablar por la misión?

Se habla de que la misión debe ser pertinente a nuestra realidad, que debemos comprometernos con la sociedad, con sus penurias… “para ser luz”. ¿Pero somos concientes de lo que ello implica? La sociedad con la que nos comprometemos posee una complejidad muchas veces ignorada por la iglesia; de aquí, sus respuestas facilistas a través de fórmulas o moralinas que pretenden dar una respuesta acabada a cuestiones demasiado complicadas. Al comprometernos con la comunidad, nos damos cuenta de que existen desafíos aún mayores, hasta desconocidos, por estar allí. Por eso la misión misma nos habla para su propio cambio. La gente, las experiencias, los fracasos y las complejidades que se hacen ver en dicho compromiso misional, nos interpelan. ¿Lo escuchamos? ¿Lo sentimos? ¿Respondemos a ello o seguimos estancados en nuestro “pequeño mundo muy feliz”?

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CIUDAD DE MEXICO, 05/11/2010 (ALC/ProtestanteDigital)
Aún cuando persisten denuncias de intolerancia religiosa en Chiapas, la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) avaló al Gobierno de ese estado mexicano, señalando que es “un ejemplo de avanzada a nivel nacional” en el tema de los derechos humanos.

La expresión fue de Rodrigo Escobar Gil, relator de la CIDH para Costa Rica, México y República Dominicana, declaraciones que a su vez fueron secundadas por Felipe González, presidente de la CIDH durante la comparecencia del Gobernador del Estado de Chiapas ante el pleno de este organismo en Washington.

Sin embargo, Luis Antonio Herrera, Coordinador de Comunicación Social Región Altos del Consejo Estatal de Iglesias Evangélicas del Estado de Chiapas, expresó que la CIDH “tiene un problema grande con esta afirmación”, ya que desde este estado «no podemos decir lo mismo, cuando se viven casos de intolerancia por el tema religioso, situación que ha llevado a varias familias a estar exiliadas de sus comunidades, separadas de sus seres queridos, viviendo de la caridad y en condiciones difíciles solo por profesar una religión diferente a la de sus agresores y expulsadores”.

EL DOLOR DEL EXILIO
Herrera destacó que las familias perseguidas no pueden estar de acuerdo con lo que declara la CIDH porque ellos tienen algo que ni la CIDH ni el Gobierno del Estado de Chiapas conocen y que es el dolor del exilio, este dolor que sin temor a equivocarme, duele más que todas las declaraciones que se han hecho desvirtuando el origen del problema y tratando de encubrir la falta de capacidad de sus funcionarios y de interés del Gobierno del Estado de Chiapas en atender la problemática».

Asimismo criticó que el Sr. Felipe González, presidente de la CIDH, se atreva a declarar que el Gobierno de Chiapas “incorpora a las minorías”, sin reconocer que en las instalaciones de La Albarrada de San Cristóbal de las Casas, están refugiadas 11 personas evangélicas indígenas por haber sido expulsadas de su comunidad Lázaro Cárdenas Chilil, Mpio. de Huixtán, Chiapas, desde hace casi un año.

Desde noviembre de 2009 las autoridades de procuración de Justicia y el Gobierno local no han podido solucionar el problema. Además de ello, Herrera denunció en un comunicado que también están los exiliados de Nachig y los problemas de seis comunidades más en Chiapas, estado que a los ojos del mundo aparece como el más humanitario.

Fuente: ALC – Edición: ProtestanteDigital.com


 

 

La Iglesia Torre Fuerte de la ciudad de Morelia, Michoacán, víctima de secuestros. Michoacán, es el tercer lugar donde ocurren delitos de fraude y extorsión telefónica

México | Viernes 5 de Noviembre, 2010 | Por Isidro Cadena |
(NoticiaCristiana.com).
La Iglesia Torre Fuerte de la ciudad de Morelia, Michoacán, ha sido víctima de secuestros y extorsiones por parte del crimen organizado, al menos cuatro pastores evangélicos, quienes pese fueron liberados son parte ya del registro de quienes fueron privados de su libertad o perjudicados.
Así lo manifestó, el pastor Uriel Rendón, quien reconoció que integrantes de la congregación a la cual pertenecen no han escapado a extorsiones y secuestros por parte del crimen organizado, sin embargo dijo que los actos delictivos se habían frenado con la detención de plagiarios.
La iglesia Torre Fuerte, cuenta con más de 300 iglesias cristianas, de las cuales 250 se tienen registradas en Michoacán y las restantes al interior de la República Mexicana, principalmente en la zona Centro-Occidente.
Michoacán, es el tercer lugar a nivel nacional en lo que se refiere a los delitos de fraude y extorsión telefónica, después de Guerreo y el Estado de México, quienes se encuentran en los dos primeros lugares, así lo informó la directora estatal de Prevención del Delito y Participación Ciudadana, Elia Baltazar Tavera.